lunes, 11 de abril de 2016

BURBUJA IMPOSIBLE

Odette era parisina y singular entre las mujeres. Deseaba ser bióloga a principios del siglo XX, Buscaba, sin compromiso, plantas y seres vivos. Deprimida en invierno. En verano, soñaba a orillas del Sena. En primavera y otoño, buscaba hojas en el Bois de Boulogne,vivas o muertas. Disfrutaba con la escala de colores y le gustaba el desliz al vacío de casi todas. Prefería los bermejos, los que anunciaban la transición entre estaciones. Las hojas desprendidas de los árboles alimentaban el humus. Esperaban el empuje del viento para decorar otro camino y ella las animaba con su vista.

Odette ocupaba mi soledad. Buscaba su sensibilidad, su compromiso con la vida. Disfrutar de la naturaleza como ella, sin compartirla con otros. Intentaba hacerme el encontradizo. Jamás me topaba con su mirada.

Era técnico en una empresa del extrarradio de París. Mis entretenimientos eran la paciencia y el diseño de utensilios imposibles. 









Quería secuestrar sus deseos. Construía una gran burbuja. Dentro, hojas, árboles y pájaros. En la base, una abertura al exterior permitía que crecieran los árboles y un cierre hermético dificultaba tener fantasías. Creaba un microclima. Pasaba la luz durante el día e iluminaba la noche. Los árboles progresaban. Los pájaros se mantenían en las ramas. Odette era feliz. 

Una mariposa policromada se posaba en el exterior de la burbuja. Odette consciente, gritó."¡Estoy encerrada! ¡Me ahogo!" Pinché la burbuja. "¡Jamás me tendrás!"- exclamó.

El lepidóptero revoloteaba  ante mis ojos. No le atrapaba. Había diseñado un artefacto para encerrar deseos, incompatible con el amor y generador de infelicidad. 

Volvía al trabajo derrotado e incapaz de pasear por París

Javier Aragüés (abril de 2016)

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