lunes, 18 de mayo de 2020

LA EXPRESIÓN

             



Sandra pegaba la cara al cristal  para mirarse en el reflejo del escaparate. Era el de  una tienda de lencería que frecuentaba. Quería estar segura, pero en esa imagen no se reconocía  al verse como una mujer  de rostro afable y sonrisa contenida; al abrirle la puerta la encargada, el gesto se amplificó sin esfuerzo y la mujer reconoció la expresión de Sandra; se intercambiaron besos sonoros y  saludos innecesarios.       

Era una mujer atractiva, aunque juraba que no lo sabía, se mordía los labios mientras lo negaba. Esa capacidad de atraer le permitía cualquier tipo de aproximación a los hombres con la falsa excusa de una simpatía inagotable.

Tenía fama de resolver las situaciones complicadas como un huracán, aunque era inseguridad más que otra cosa. Así conoció a Esteban, un buen chico, funcionario del ayuntamiento y compañero de trabajo que la miraba absorto, mientras ella hacia un gesto con ambas manos para recolocarle  el nudo de la corbata cada mañana. Al cabo de unos meses eran pareja.

Sandra formaba parte de Comisión de Urbanismo y acompañaba como asesora al alcalde en las reuniones de grandes proyectos.  Antes de finalizar ese mismo año tuvo que asistir a una convención de urbanismo que se organizaba  en París. Al recibir la invitación su expresión cambió. Despachaba todos los días con el alcalde y apenas se encontraba con Esteban. La estancia en París durante cuatro días propició su ascenso a gerente de urbanismo, objetivo inmediato de Sandra.

Un proyecto de edificación de un hotel en el centro de la ciudad, caso de ser aprobado, supondría la consolidación de Sandra en el equipo de gobierno municipal y su más que previsible salto a la política en las próximas elecciones. Las luces de su despacho permanecían encendidas hasta la madrugada, también los domingos.  La única persona que se interesaba por su cansancio y preocupación era Esteban. Le subía algo de comer y cafés en las horas en que no había nadie en el Ayuntamiento,  incluso le ayudaba a ordenar planos y a redactar informes.

La noche anterior a la presentación del proyecto en el pleno, Esteban llevó al despacho una botella de champán, dos copas y un estuche con una orquídea. Sandra sonrió y dejó asomar la misma expresión que en los días pasados cuando le arreglaba la corbata. Esteban arqueó las cejas buscando la aprobación y ella asintió.  Le entregó el estuche con la orquídea, Sandra se afanaba en quitar el aparatoso lazo que lo envolvía; mientras Esteban se apresuraba a descorchar el champán y preparar las copas, ella  seguía enzarzada con el estuche.  Al final lo consiguió, cogió la orquídea entre sus dedos. Esteban le ofreció la copa llena para que brindaran. Ella se emocionó, insinuó un beso y levantó la copa para hacer el brindis. De su boca salieron tres palabras “por los dos”.  Esteban le contestó: “siempre por ti”, a la vez que Sandra se desplomaba.


Javier Aragüés (mayo de 2020)






 

 

 

 

 


2 comentarios:

Unknown dijo...

Qué final👍

Unknown dijo...

los finales de Javier son incomparables. Clara Ordóñez